Literatura & Turismo: El viaje de la profesora Bellini
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El cuento de Pedro Mairal (con quién lastimosamente no hallé forma de contactarme), es uno de los mejores textos que he leído sobre la experiencia del viaje turístico, y hasta donde sé, Pedro Mairal no tiene formación profesional en la disciplina que es de nuestro interés, el turismo. ¿No me crees? Adelante entonces, te invito a seguir leyendo.
En “El viaje de la profesora Bellini” se dan pautas sobre el perfil psicográfico del turista single y del turista de la tercera edad. Además es un texto que abarca entre otras cosas el ciclo de la experiencia del viaje en el turista, antes, durante y después de la experiencia vivida, la satisfacción del nivel de expectativas en el turista y la respuesta a la pregunta ¿el turista sabe lo que quiere?.
Mairal me provocó entre otras cosas a retomar el debate sociológico y psicológico que se basa en una pregunta, ¿El viaje vacacional es un mecanismo de defensa y huída ante la rutina, ante uno mismo? También me provocó a retomar el debate sobre la utilidad en la práctica del turismo de masas, esto cuando Maria Teresa cuestiona su rol de turista y el de los demás turistas clásicos al visitar un lugar en que todos llevan cámaras fotográficas y hacen uso y abuso de ellas, un lugar en que las réplicas y souvenires desmotivan la visita a museos; un destino en que la profesora Bellini es estimulada a compararse con los demás turistas, un lugar en que siente tantas despreciables coincidencias que la lleva a dejar de sentirse única para sentirse disminuida y miserable.
El cuento nos recuerda que hay viajes que se realizan por estatus profesional, llevando a cuidar en detalle esos momentos en que uno relata su experiencia de viaje a colegas, llevando a una persona a ampliar la información sobre un lugar incluso después de haberlo visitado. También nos recuerda la imposibilidad de contar toda la experiencia vivida, ni siquiera ayudados por fotografías o vídeos, porque en realidad al auditorio no le interesan algunos detalles y además porque jamás comprenderían lo que ellos no han vivido; o mejor aún, porque uno no siente necesidad de contar algunas cosas por el simple hecho de que son experiencias muy personales.
Personalmente me llevó a cuatro conclusiones:
1. Toda persona cuando viaja lleva su idiosincrasia a flor de piel, por eso se emociona al relacionar espacios y sucesos “nuevos” con los “conocidos”
2. El nivel de expectativas en el viajero sufre una secuencia transformación antes, durante y después del viaje.
3. Toda persona es diferente, uno no vive el mismo viaje, sin importar el que uno haya pagado el mismo precio por hacer el mismo recorrido que el de su compañero de viaje.
4. Solo podemos impactar directamente en facetas puntuales dentro del ciclo de la experiencia del viaje turístico durante la prestación del servicio. Pero por otro lado podemos impactar indirectamente en otras facetas prestando atención a nuestros huéspedes, ¿cómo?, preguntando si han tenido problemas en el recorrido hecho antes de llegar con nosotros y facilitándoles información y sugerencias en el momento de despedirlos.
Pero basta de actuar cual espoiler, dejo de interrumpir para invitarte a leer el cuento de Pedro Mairal: “El viaje de la profesora Bellini”.
El Viaje de La Profesora Bellini, Pedro Mairal
En “El viaje de la profesora Bellini” se dan pautas sobre el perfil psicográfico del turista single y del turista de la tercera edad. Además es un texto que abarca entre otras cosas el ciclo de la experiencia del viaje en el turista, antes, durante y después de la experiencia vivida, la satisfacción del nivel de expectativas en el turista y la respuesta a la pregunta ¿el turista sabe lo que quiere?.
Mairal me provocó entre otras cosas a retomar el debate sociológico y psicológico que se basa en una pregunta, ¿El viaje vacacional es un mecanismo de defensa y huída ante la rutina, ante uno mismo? También me provocó a retomar el debate sobre la utilidad en la práctica del turismo de masas, esto cuando Maria Teresa cuestiona su rol de turista y el de los demás turistas clásicos al visitar un lugar en que todos llevan cámaras fotográficas y hacen uso y abuso de ellas, un lugar en que las réplicas y souvenires desmotivan la visita a museos; un destino en que la profesora Bellini es estimulada a compararse con los demás turistas, un lugar en que siente tantas despreciables coincidencias que la lleva a dejar de sentirse única para sentirse disminuida y miserable.
El cuento nos recuerda que hay viajes que se realizan por estatus profesional, llevando a cuidar en detalle esos momentos en que uno relata su experiencia de viaje a colegas, llevando a una persona a ampliar la información sobre un lugar incluso después de haberlo visitado. También nos recuerda la imposibilidad de contar toda la experiencia vivida, ni siquiera ayudados por fotografías o vídeos, porque en realidad al auditorio no le interesan algunos detalles y además porque jamás comprenderían lo que ellos no han vivido; o mejor aún, porque uno no siente necesidad de contar algunas cosas por el simple hecho de que son experiencias muy personales.
Personalmente me llevó a cuatro conclusiones:
1. Toda persona cuando viaja lleva su idiosincrasia a flor de piel, por eso se emociona al relacionar espacios y sucesos “nuevos” con los “conocidos”
2. El nivel de expectativas en el viajero sufre una secuencia transformación antes, durante y después del viaje.
3. Toda persona es diferente, uno no vive el mismo viaje, sin importar el que uno haya pagado el mismo precio por hacer el mismo recorrido que el de su compañero de viaje.
4. Solo podemos impactar directamente en facetas puntuales dentro del ciclo de la experiencia del viaje turístico durante la prestación del servicio. Pero por otro lado podemos impactar indirectamente en otras facetas prestando atención a nuestros huéspedes, ¿cómo?, preguntando si han tenido problemas en el recorrido hecho antes de llegar con nosotros y facilitándoles información y sugerencias en el momento de despedirlos.
Pero basta de actuar cual espoiler, dejo de interrumpir para invitarte a leer el cuento de Pedro Mairal: “El viaje de la profesora Bellini”.
El Viaje de La Profesora Bellini, Pedro Mairal


















